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El "Moro Viejo", un caballo.

(Recuerdos de mi infancia)


Con mi familia vivìamos en un pueblo de la Provincia de Corrientes (Argentina) en una propiedad donde tenìamos muchos animales. En aquèlla importante etapa que es la infancia me ocurrìo un dia de escuchar a mis padres tomar en relaciòn al "Moro viejo" una decisiòn. Este era un caballo, para mì, muy especial, el cual desde hacìa un tiempo se lo veìa sarnoso, viejito y muy caìdo, eso se debìa al hecho que ya no lograba comer porque le faltaban muchos dientes. Después de tantos años de trabajo y a el servicio de la familia, mis padres habìan resuelto soltarlo, lejos en campo abierto, para que pudiera transcurrir sus ultimos dias en paz. Para mì resultò muy triste pensar en su casi imposibilidad de comer y la sarna que se le propagaba. Entonces, les pedì a mis padres que me dieran una chance al "Moro" y a mì, comprometìendome atenderlo. En ese tiempo yo tenia apenas diez años y no fue fàcil convencer a mis padres, pero al final, despuès de mucho insistir logré persuadirlos y literalmente bailé de alegrìa, primero porque el "Moro" podrìa continuar viviendo y segundo porque yo iba a ser su ùnica dueña. Tenìa conciencia de la dura tarea que me esperaba, pero el echo de poderlo ayudar me daba fuerzas y energìa para superar cualquier obstaculo. Asì empezò la cura, todos los dias le preparaba la comida, cortàndo y molìendo gran cantidad de pasto, raìces de mandioca, maìz y otras plantas segùn la temporada. Ademàs, puntualmente, todas las tardes lo llevaba a una muy linda laguna a bañarlo, y con un cepillo masajeàba su cuerpo. Cada dia observaba con gran emociòn que el "Moro" mejoraba a ojos vistas, como yo me lo habia imaginado: Ya no se lo veìa viejo como antes, la sarna dìo lugar a un pelaje brillante y su paso de lento, tambaleante, cambiò por un caràcter firme, dinàmico y hasta empezaba a galopar. Transcurrido algùn tiempo el "Moro" ya tenìa otra pinta a tal punto que al verlo asì vivàz, mis hermanos y particularmente mi hermana mayor en diversas oportunidades intentaban agarrarlo para montar sin poderlo lograr, él sabìa que yo lo mesquinaba y le tenìa muchos celos, bastava un gesto mìo para que me entendiera encargàndose de correrlos. Los corrìa a boca abierta, lògicamente sin dientes, y dando patadas. En mi casa muy seguìdo se hablaba del "Moro viejo", se hacìan variados comentarios, entre los cuales, que su comportamiento de buenito se habìa trasformado en agresivo.
A distancia de muchos años, un dia, mi hermana mayor recordando ese perìodo de nuestra
infancia, me dijo: < Mauricia, recuérdas cuando el "Moro viejo" curado de su sarna y rejuvenecìdo se comportaba como un potro? Yo siempre pensè que se habìa vuelto rabioso >. En ese momento, recordàndome de todo, la mirè estallando en una risa incontenible. Entonces, ella casi como reclamandome dijo: < Claro, tù te rìes porque fuìste la ùnica previlegiada, a quien él no trataba de rabioso >. Fué, un vez mas, conmovedor recordarte mi "Moro viejo" que a pesar del tiempo sigues siendo siempre hermoso en mi memoria!

Tu amiga Mauricia